Una aproximación práctica a la alimentación consciente (III)

Mito y Realidad: Aclarando la Confusión

El concepto de alimentación consciente está ganando popularidad de forma muy rápida. Al mismo tiempo, hay muchos mitos y malentendidos acerca de la misma que conviene aclarar.

Mito: La alimentación consciente no es más que una moda pasajera.

Hecho: Mindfulness es una práctica que existe desde hace más de 2,000 años. La mera observación de un bebé comiendo demuestra que la alimentación consciente es parte de la naturaleza humana. Los niños pequeños comen cuando tienen hambre y paran cuando están llenos. Tocan, saborean y exploran su comida mientras experimentan con el acto de comer. Practicar la alimentación consciente como adultos implica reaprender esos comportamientos innatos que hemos perdido a lo largo del camino.

Mito: Se puede utilizar la alimentación consciente para seguir una dieta.

Hecho: Por desgracia, la frase “alimentación consciente” se utiliza de forma inadecuada para referirse a la restricción de la ingesta de alimentos, o para seguir rígidas reglas como masticar la comida un número determinado de veces antes de tragar. ¡Esto es lo opuesto a la alimentación consciente! A través de la práctica de la alimentación consciente, aprenden a liberarse de las restricciones y sus problemáticos efectos.
Desarrollan la capacidad de responder a la sabiduría de su cuerpo y a comer instintivamente para equilibrar el disfrute y la nutrición.

Mito: La alimentación consciente es “un rollo místico”

Hecho: Frente a la multitarea o el paso inconsciente por el proceso de comer, puede sentirse algo en cierto modo spiritual al enfocarse en una sola cosa de cada vez. A pesar de que el Mindfulness tiene raíces milenarias, es eminentemente práctico en nuestro apresurado, estresado y abrumador entorno. Al contrario que actos como meditar, visitar lugares sagrados o leer obras de contenido spiritual, todo el mundo come. Traer la atención plena a la mesa es un modo útil de conectar con los tranquilizadores efectos de vivir el momento presente varias veces al día.

Mito: Es duro practicar la alimentación consciente.

Hecho: Practicar Mindfulness consiste simplemente en poner todo tu foco en el momento presente, lo cual puede resultar un desafío cuando se empieza a aprender la alimentación consciente. Aunque comer de manera inconsciente puede parecer más fácil al principio, los efectos de la alimentación emocional e inconsciente causan más dificultades a largo plazo. Cada bocado es una oportunidad para practicar.

Mito: La alimentación consciente es mecánica.

Hecho: Al igual que hacemos al aprender cualquier otra habilidad, dividir el proceso en pasos definidos facilita aprender a alimentarse conscientemente. Con la práctica, la alimentación consciente se vuelve natural, requiriendo muy poco esfuerzo o energía. De hecho, nos libera de prácticas restrictivas como contar, medir y pesar, que pueden transformar el acto de comer en una experiencia mecánica, desconectada de nuestras señales internas.

Mito: La alimentación consciente “no es más” que comer con atención.

Hecho: Mucha gente enseña alimentación consciente reduciéndolo simplemente a “comer despacio, sin distracciones”. Sin duda esto es una parte importante de ello, pero los Programas “Am I Hungry?” de Alimentación Consciente abarcan el proceso completo de comer: apreciación de las señales corporales; reconocimiento de los disparadores del acto de comer diferentes del hambre; selección de alimentos tanto para el disfrute como para la nutrición; comer para alcanzar una satisfacción y saciedad óptimas; y utilizar el combustible que has consumido para vivir una vida vibrante.
Ésta amplia aplicación hace de la Alimentación Consciente una herramienta poderosa para desarrollar una relación más feliz y saludable con la comida.

¿Quién se beneficia de la alimentación consciente?

La Alimentación Consciente es un simple concepto que se puede aplicar en cualquier situación- en casa, en el trabajo, cenando fuera, viajando, en ocasiones especiales…Es una aproximación flexible que no depende de una lista limitada de alimentos, así que funciona bien en diferentes culturas y entornos socioeconómicos. No requiere pesar, medir, listas de referencia, ni otras técnicas que consumen tiempo, así que encaja hasta en el estilo de vida más ocupado. Al contrario que las dietas, que se vuelven cada vez más difíciles de seguir, la alimentación consciente se vuelve más fácil y natural con la práctica. Y sobre todo, Mindfulness se auto refuerza, ya que proporciona más placer al acto de comer y otros aspectos de la vida.
En resumen, cualquiera que coma se puede beneficiar de llevar atención e intención a sus decisiones.
Además, la alimentación consciente es una forma muy efectiva de resolver asuntos relacionados con la comida y la actividad física, que reducen el bienestar y la calidad de vida de la gente, independientemente de su estado de salud. Aquellos que sufren, o están en riesgo de padecer condiciones crónicas afectadas por la nutrición, tales como síndrome metabólico y diabetes, se benefician notablemente de aprender habilidades de autogestión a través de la Alimentación Consciente. Los que han luchado con dietas yo-yo o ciclos de peso y han probado numerosos programas (incluyendo cirugía para la pérdida de peso) tienen muchas posibilidades de beneficiarse de este enfoque, ya que no requiere restricción, privación ni una fuerza de voluntad ilimitada.
La práctica de Mindfulness tiene también aplicación universal para aquellos que se sienten desbordados, estresados, o simplemente distraídos. Además de los beneficios asociados directamente con la Alimentación Consciente, aprender el proceso y experimentar sus beneficios abren la puerta a una vida consciente.